Que entre ya Punta Catalina – PalBatey
Economía

Que entre ya Punta Catalina

Esta entrega debió titularse “El positivo impacto de Punta Catalina sobre las finanzas públicas, el desarrollo y la calidad de vida en el país”.

Y se asume por el impacto del petróleo sobre las arcas nacionales.

El choque que un commodity puede tener contra las finanzas de una economía lo determinan el volumen de su necesidad, su carácter más o menos imprescindible dentro de ese entorno y, finalmente, el precio al que esa economía puede acceder a ese bien.

Esos tres factores nos ponen frente a la posibilidad de discernir el estado de dependencia de una economía respecto a un bien que ella sea incapaz de producir, por las razones que fuere.

Entre los commodities a los que la República Dominicana tiene que forzosamente acceder para mantener a flote su desenvolvimiento, después de las divisas extranjeras, especialmente en euro y el dólar, el petróleo adquiere carácter de principalía.

El petróleo ha adquirido la prioridad que hoy ostenta por su incidencia y rol determinantes sobre la generación de energía y los combustibles, factores imprescindibles y condicionantes en primer grado del nivel que hoy se establece como obligatorios alcanzar en los ámbitos del desarrollo productivo, el comercio, el transporte, la seguridad y, en general, la calidad de vida y el ornato público, incluyendo la higiene y comodidad en las vidas familiar y doméstica.

Pero ese bien nos es ajeno. Sólo en el pasado año 2017, la factura petrolera dominicana ascendió a $2,847 millones de dólares norteamericanos, cifra que fue 22.4% superior a la pagada en el 2016, reflejando un incremento en el período (interanual) igual a 521.7 millones de dólares: lo que el gobierno afirma ahorrará el país con Punta Catalina.

Desde entonces, el precio del petróleo y su consumo local han venido incrementándose, haciendo más amplia la demanda financiera de divisas sobre la economía nacional.

A este crecimiento de la demanda local se ha venido a sumar la progresiva y recuperada tendencia alcista en los precios de este insumo.

$133.88 dólares por barril fue el precio al que cerró el petróleo West Texas Intermediate en junio del 2008.

Desde entonces, las economías no productoras de petróleo del mundo vivieron un respiro que amenaza con terminar, sin techo previsible, sin certeza de fin o de comportamiento. Durante los nueve años transcurridos entre el 2008 u el 2016 el precio del hidrocarburo fue cayendo consecutivamente, hasta ubicarse en $30.32 dólares por barril en el mes de febrero del 2016, su cotización más baja registrada desde noviembre del año 2003 cuando costaba $31.11 dólares por barril.

Desde entonces, si algo ha caracterizado el precio internacional del petróleo es la lenta, aunque persistente, volatilidad hacia el alza, al punto que en diciembre del 2017 trepó hasta $51.97 dólares por barril, según reportan los mercados mundiales, registrando un aumento de 71.40% respecto a su cierre de febrero del 2016. De entonces hacía acá, el bien ha intensificado esa tendencia al alza, al punto que en agosto del presente año 2018 cerró cotizándose a $68.06 dólares por tonel, un precio que, respecto al de diciembre del 2017 fue 30.96% por encima y, comparado con su precio en febrero del 2016, representa 124.47% por encima, es decir que es 2.24 veces más caro.

Es esta la razón por la cual el petróleo representa un serio riesgo para cualquier economía no productora de este insumo y, en atención al interés nacional, los administradores del Estado, los gobiernos nacionales, están en la obligación de focalizar el rol obstructivo y problematizador que la dependencia de este commodity representa.

Es por eso que la nación debe entender que la Planta de Punta Catalina, llevada a cabo por el gobierno contra viento y marea, desempeña un rol favorable para la economía nacional por su impacto sobre las cuentas nacionales, específicamente la relativa a la factura petrolera, en la cual se espera que Punta Catalina imprima y propicie un significativo ahorro primario.

Los montos del ahorro de divisas derivados de la generación eléctrica por carbón que se esperan obtener con Punta Catalina, según ha informado el gobierno, han estado en discusión en la opinión pública. Hay quienes niegan que se pueda ahorrar $500 millones de dólares en la generación óptima esperada en ese complejo. Sin embargo, son la tendencia al alza y las proyecciones oficiales sobre el posible precio del petróleo al momento y después de estar en funcionando dicho complejo los que establecerán el ahorro real, lo que suma méritos financieros y positivo impacto en el balance primario del gobierno central dado que está fuera de dudas que será menor el costo de cada kilovatio producido por hora.

Hay que irse preparando para felicitar la previsibilidad del Presidente Medina y del equipo energético del gobierno.

Como van el precio del petróleo y las amenazas que se ciernen sobre él, es prudente considerar que si el país tiene derecho a endeudarse  para algo es primeramente para propiciar su auto-suficiencia energética. Punta Catalina es el re-inicio. Ojalá que un acuerdo nacional se lleve a cabo para comprometer la construcción de plantas hidroeléctricas y sembrar el territorio nacional con todo tipo de mecanismos generadores energías limpias, renovables y —sobre todo— más baratas.

Por una razón simple: esa inversión se paga sola y pronto. Junto al ahorro, promueve desarrollo, servicios e industrias.

Por esas razones, que entre ya Punta Catalina.

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